22 de julio de 2024

La Bienal de Venecia busca un futuro mejor en el arte del pasado y el presente

Hay otros mundos, pero están en este. La cita célebre del poeta surrealista Paul Éluard es el hilo conductor de la nueva edición de la Bienal de Venecia, que abrirá sus puertas al público este sábado, con un año de retraso respecto al calendario previsto a causa de la pandemia. La exposición principal de esta bienal, que sigue siendo la cita más importante del arte contemporáneo más de un siglo después de su creación en 1895, plantea otros futuros para la civilización en un momento en que las crisis se superponen y ponen en duda su propia supervivencia. La comisaria italiana Cecilia Alemani, responsable del programa artístico de la High Line de Nueva York, enuncia algunas hipótesis para alcanzar un porvenir algo más próspero a través de las obras de 213 artistas de 58 países, que dan cuenta de todos los debates de la actualidad. La mitad de ellos están muertos y el 90% son mujeres, el mayor porcentaje en la historia de una bienal que solo logró alcanzar la paridad en su edición de 2019.

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El minimalismo radical (y político) del pabellón español

El punto de partida del pabellón español en Venecia es sencillo: hacer girar diez grados este edificio de ladrillo inaugurado en 1922 para alinearlo con los de sus vecinos de Bélgica y los Países Bajos. Con su proyecto Corrección, Ignasi Aballí ha creado una arquitectura paralela en el interior del pabellón, en un tono de blanco ligeramente distinto, lo que provoca un conflicto entre pasado y presente que da como resultado un nuevo espacio híbrido y algo ominoso, solo apaciguado por la luz del Adriático que entra por las claraboyas.

Este juego de superposiciones tiene una lectura política —“la oposición entre dos ideologías, como puede ser la que es propia de las dos Españas”, confirmaba la comisaria Bea Espejo—, de la que Aballí no renegaba ayer, en una primera jornada en la que su proyecto despertó el interés de una importante galería internacional. Se trata de una apuesta radical en dos sentidos. “De entrada, deja casi vacío un pabellón en una bienal que tiende a la espectacularidad. Tengo la sensación de que vamos muy a contracorriente”, sostenía Aballí sobre el minimalismo que desprende su intervención.

Por otra parte, aboga por reinventar los espacios obsoletos de estos pabellones centenarios, vestigios de un tiempo donde los nacionalismos hacían estragos en Europa. ¿Tiene sentido prolongar la competición artística entre países que es la Bienal de Venecia en un tiempo en que la guerra ha vuelto al continente? La comisaria Cecilia Alemani dice ser partidaria de “no cerrarlos, sino de usarlos de manera inteligente, poniendo en duda la herencia incómoda de los Estados-nación”. El pabellón español es el mejor ejemplo de esa línea, igual que una intervención arquitectónica relativamente similar de Maria Eichhorn, representante de Alemania, y que los discursos críticos con el colonialismo y el esclavismo que contienen los espacios de Francia, Estados Unidos o México.

La gran cita del arte contemporáneo reivindica el trabajo de mujeres que se adelantaron a los grandes debates de la actualidad y augura un porvenir lleno de híbridos con la tecnología y con el resto de especies