15 de junio de 2024

La necesidad de la memoria en la “era del testigo”

Georges Perec, un escritor que experimentaba con cada obra nuevas fórmulas literarias, escribió un registro de recuerdos en su libro Me acuerdo. Al leerlo uno desea también emular una lista que habla de objetos, escenas, personajes de una época. Pero si conocemos la historia del autor podremos preguntarnos si no hay en realidad un ejercicio de no nombrar algunos recuerdos, porque en su caso y en su historia hay hechos dramáticos que debieron marcarle. Su padre falleció en combate unos años antes, pero su madre fue arrestada por la policía francesa cuando él tenía siete años, el 23 de enero de 1943 en París, para después ser deportada al campo de concentración de Auschwitz. Fueron asesinados tanto su madre como su hermana Soura y sus abuelos David Peretz y Aaron Schulevitz. En Perec esa voluntad de dejar en el aire de su memoria su historia, recordando lo festivo en una lista de 480 me acuerdo sin ninguna relación con su tragedia, indica tal vez una firme voluntad de decir al criminal: sigo adelante, situando lo que recuerda en un lugar secreto diferente al olvido, pero siempre presente. Muchos supervivientes señalan que vivir, ver a sus nietos, es su victoria contra Auschwitz.

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Testimonios como el del recién fallecido Mel Mermelstein, que aportó pruebas de los crímenes que se cometieron en Auschwitz frente a los negacionistas del Holocausto, son fundamentales para completar el relato de la Historia