13 de junio de 2024

El paisaje comunista que Putin borra en Ucrania

Hormigón. Frío y gris hormigón. Implacable, monolítico, desolador. Bloques lineales y mastodónticos de viviendas de hormigón prefabricado con un mismo aroma a deshumanización. Esa fue la marca de cantero soviética en toda la URSS: el gris estandarizado, brutal, sin alma. En los suburbios industriales de Járkov, en la periferia de Praga o en un distrito obrero de Varsovia. Siempre el mismo y plúmbeo gris. Ahora, el eterno retorno de la historia se disfraza de paradoja: si de Moscú partió aquel impulso de hormigón que dibujó un nuevo paisaje comunista en las ciudades ucranias, de Moscú parten ahora las bombas y los misiles que están borrando ese paisaje gris y colosal que hermanaba en lo visual a ambos territorios –Rusia y Ucrania– y que unía estéticamente a toda una civilización ya extinguida. Las imágenes de destrucción en ciudades como Mariúpol, Járkov, Lviv, Kiev o Chernígov muestran un mundo en ruinas, con miles de edificios bombardeados y decenas de miles de bloques fantasmales abandonados por sus inquilinos. Ese mundo con perfil rectilíneo y desconchado es el que recorre Owen Hatherley en Paisajes del comunismo (Capitán Swing), un largo ensayo acerca del mundo perdido de la arquitectura socialista. Un canto apasionado sobre la Europa comunista del siglo XX a través de sus edificios.

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Un ensayo viaja por la arquitectura socialista que la URSS erigió a base de hormigón y que Moscú está aniquilando en Járkov, Kiev, Lviv, Mariúpol y otras ciudades