18 de abril de 2024

El Premio Mies van der Rohe reconoce la arquitectura inclusiva y la apuesta de cambio de Grafton y Lacol

¿Qué quiere ser Europa? ¿Qué podría ser? La mejor arquitectura apunta siempre caminos, abre puertas y consolida avances técnicos y sociales. También ha servido para reflejar el poder. Por eso, premiando cooperativas de autores, una relación distinta entre inversión y arquitectura y contribuciones tanto externas ―para mejorar la ciudad― como internas ―para favorecer la vida de los ciudadanos―, el jurado de la decimoséptima edición del Premio Mies van der Rohe que concede la Unión Europea está otorgando ese poder a la gente. El galardón ha recaído este año en Yvonne Farrell y Shelley McNamara, fundadoras de Grafton Architects en 1978, por su proyecto para la nueva sede de la Universidad de Kingston, mientras que el premio de arquitectura emergente ha reconocido a la cooperativa catalana Lacol por la vivienda colectiva La Borda, en Barcelona. Cuando sabemos que es la economía, más que las ideologías, la que hoy dibuja el mundo, conviene resaltar el talante de escuchar, de acercarse al usuario ―que además va dejando de ser anónimo― y de, voluntariosamente, contribuir a la construcción del nuevo escenario de poder y convivencia que es capaz de conseguir la arquitectura.

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El máximo galardón que concede la UE distingue el trabajo de cooperativas de autores que replantean la relación entre arquitectura y dinero