13 de junio de 2024

‘Alcarràs’ o la era de los actores ‘neocorrientes’

A Jordi Pujol Docet le costó un mes soltar una lágrima frente a la cámara de la cineasta Carla Simón. No sería por intentos de la directora y su entrenadora de actores, Clara Manyós. ¿Y si recordaba un trauma emocional? Nada. ¿Aplicar Vicks VapoRub bajo los ojos y la nariz para activar el lagrimal? Ni una gota. ¿Encerrarlo en una habitación con música decadente para que se deprimiera? Se lo encontraron una hora después dormido a pierna suelta en el cuarto. “No recordaba llorar, igual lo hice de pequeño, pero para mí no era una cosa de hombres. Ahora sé que hasta puede ser liberador”, cuenta al otro lado del teléfono este pequeño agricultor en unas tierras heredadas de su familia en Soses (Lleida), que también trabaja como empleado de mantenimiento a tiempo parcial en el Ayuntamiento de su pueblo. Pujol interpreta a Quimet, el patriarca descolocado que desespera de amor a todos los que orbitan sobre él en Alcarràs, la película ganadora de la Berlinale, que llega este viernes a las salas de cine.

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Maternidad, suicidio y eutanasia: el auge de la «autenticidad teatral»

Los escenarios se han llenado también de intérpretes no profesionales. Es una tendencia relacionada con el auge que ha experimentado el teatro documental en todo el mundo en la última década y una manera de darle una vuelta de tuerca al género llevándolo al extremo. Si su gran poder reside en que los espectadores sepan que lo que sucede sobre las tablas ocurrió de verdad, la fascinación se dispara cuando no son actores quienes lo representan, sino personas anónimas que en muchos casos son las propias protagonistas de las historias que se desarrollan. El objetivo de la “verdad teatral” queda superado por el de la “autenticidad”. 

Estos días, por ejemplo, se representa en Barcelona Lengua madre, un espectáculo coproducido por el Teatre Lliure y el Centro Dramático Nacional que ofrece una radiografía de la maternidad en el siglo XXI subiendo al escenario a personas anónimas que cuentan sus propias experiencias: reproducción asistida, adopción, crianza colectiva, abortos… No son actores, pero la pericia de la autora y directora de la obra, la argentina Lola Arias, hace que casi lo parezcan. Arias tiene experiencia en este sentido, pues en 2016 impactó en los escenarios internacionales con su montaje Campo minado, que confrontaba a veteranos reales británicos y argentinos de la guerra de las Malvinas. 

Otra figura de referencia mundial en este terreno es el suizo Milo Rau, que casi siempre incluye actores no profesionales en sus espectáculos. Hace un mes, el centro Conde Duque de Madrid presentó una buena muestra de su trabajo, Familie, una obra en la que ponía a una familia real de cuatro miembros a interpretar a otra familia real también de cuatro miembros, los Demeester, que se suicidaron juntos en Calais, donde vivían, al norte de Francia. Ya solo el planteamiento del montaje pone los pelos de punta: el director propuso a la familia de intérpretes que se imaginaran a sí mismos cenando la noche antes de su suicidio. Y en eso consiste la función. Rau sobrecogió también en 2106 con su obra Five Easy Pieces, en la que llevaba a escena la historia de Marc Dutroux, el asesino de niños que conmocionó Bélgica en los años noventa, contada en el escenario por siete niños de entre 8 y 13 años.

Estremecedor fue también ver en escena a Marcos Ariel Hourmann, único médico sentenciado en España por practicar una eutanasia, que se interpretó a sí mismo en el espectáculo Celebraré mi muerte, estrenado en 2019 en el Teatro del Barrio de Madrid bajo la dirección de Alberto San Juan y Víctor Morilla. En 2009, tras llegar a un pacto para no ser inhabilitado profesionalmente, Hourmann fue sentenciado a un año de cárcel. El acuerdo le evitó tener que ir a juicio, pero a la vez le dejó con las ganas de explicar sus motivos. El teatro le brindó la oportunidad de hacerlo años después y la aprovechó: contó su historia a los espectadores como si fueran jueces y estos tenían que emitir su veredicto al final de la función.

Las tramas realistas con gente de la calle haciendo de sí misma vienen con premio, como el reconocimiento al filme de Carla Simón protagonizado por agricultores en la Berlinale o a los fontaneros de ‘Seis días corrientes’ de Neus Ballús en Locarno y los Gaudí